Pensando la Apicultura por Apicultores: Próxima temporada de núcleos

Por Walter Seewaldt 

Cuando llega el frío y terminamos con los últimos trabajos en las colmenas, es un tiempo que nos invita a pensar, a planificar y, por qué no, a revisar los aciertos y errores de la temporada vivida para aprender de ellos antes de organizar la próxima.  

Como hemos desarrollado en notas anteriores, lo hecho —o no— desde febrero hasta aquí estará condicionando lo que podamos lograr en la próxima primavera. Esto se refiere a diferentes acciones y medidas relativas a las reservas que dejamos en las colmenas, la calidad de la nutrición de las abejas de invernada, la edad de las reinas, la sanidad de la población, entre otros factores. 

También tendrán incidencia, por supuesto, la cantidad de milímetros de lluvia, la posibilidad o no de adquirir insumos según sus costos, la preparación y organización de lo producido, así como los resultados económicos obtenidos. A ello se suma el estado de ánimo que todo el panorama, en conjunto, genera en el apicultor para enfrentar los desafíos de una nueva campaña. 

Así, el invierno invita a pensar para programar. 

Existen zonas en nuestro país donde los recursos florales para las abejas son escasos, ya sea por desmontes, fumigaciones o modificaciones humanas del ambiente forestal, como por ejemplo el avance de barrios privados sobre áreas donde antes se instalaban colmenares. Esto obliga cada vez más a muchos apicultores a realizar trashumancia con sus colmenas, buscando néctar y polen temprano para extender la temporada de floración y hacer más rentable la explotación apícola. 

Por ello, a partir de julio, las zonas de la yunga jujeña, regiones de Tucumán, los montes cordobeses y puntanos, los frutales de Mendoza, el valle de Río Negro y Neuquén, y las islas del Paraná reciben el arribo de una considerable cantidad de colmenas con el objetivo de encontrar floraciones tempranas para la temporada productiva. 

Una realidad generalizada en la apicultura, hasta hace poco tiempo, era que las empresas con varios miles de colmenas dedicadas a la trashumancia y multiplicación aseguraran producción y rentabilidad. Esto significaba trasladar colmenas a lugares de floración temprana para promover su crecimiento, obteniendo así una cantidad de núcleos suficiente para reponer pérdidas, incrementar el número real de colmenas e incluso vender núcleos excedentes. 

Sin embargo, esto viene cambiando en los últimos años. Cada vez se observa una mayor especialización dentro de la actividad apícola. Basta con observar el incremento en la cantidad de criaderos de reinas dedicados específicamente a esta producción, con mayor sistematización y productividad. Lo mismo ocurre con trabajos especializados según la región: producción de polen, producción exclusiva de miel o zonas donde las condiciones son más favorables para la multiplicación temprana de abejas o para el cierre de temporada e invernada. 

Por lo general, el apicultor trashumante se ha especializado en la producción de miel y, para ello, utiliza todos sus recursos —personal, herramientas, vehículos, logística, etc.— con el objetivo de lograr colmenares óptimos en población y calidad, en el momento adecuado para aprovechar diferentes floraciones, ya sean de limón, monte, girasol, praderas o eucalipto. 

Así, muchos de estos apicultores ya no se dedican a confeccionar los núcleos que necesitan, sino que los adquieren a proveedores especializados que trabajan específicamente en esta franja de la actividad. 

Entonces surge la pregunta: ¿un apicultor con dos o cinco mil colmenas compra núcleos teniendo semejante cantidad de colmenas? La respuesta es sí. 

Ellos hicieron sus cuentas y resolvieron qué les resultaba más conveniente. Te propongo hacerlas juntos. 

¿Cuánto cuesta producir un núcleo? Primero, hay que contar con colmenas preparadas, correctamente invernadas, con reinas renovadas e incentivadas en una zona con floración temprana y aporte de néctar y polen, junto con todos los costos asociados a ello. 

También se necesita comprar o disponer de una producción propia y constante de celdas, reinas vírgenes o reinas fecundadas, con los gastos que esto implica. Si la producción de celdas es propia, requiere una o dos personas dedicadas exclusivamente a esa tarea, además de una importante inversión en abejas y jarabe diario, junto con operarios experimentados que confeccionen los núcleos y se encarguen de su mantenimiento y supervisión. 

Todo ello representa un costo elevado. 

Pero sigamos con los cálculos. ¿Cuánto costarían cuatro marcos a aproximadamente $740 cada uno, más armado, alambre, grampas y cera? ¿Unos $5600? A eso hay que sumarle los dos kilogramos de miel del marco de alimento del núcleo, el jarabe de incentivación proporcionado, la celda, las horas hombre según la cantidad de núcleos producidos por día, la sanidad, el porcentaje de pérdidas o fallas y la merma poblacional de las colmenas nucleadas, que, de conservar la cría y las abejas, podrían producir más miel en apenas veinte días. 

Hay mucho para calcular. 

Si venís haciendo la cuenta y consideramos el valor de un núcleo equivalente a entre 20 y 22 kg de miel, el costo de producirlo podría llegar, en algunos casos, a equipararse prácticamente con el valor de compra a un proveedor. 

Los apicultores que maximizan la producción de miel y llegan con todas sus colmenas en óptimas condiciones a las mejores floraciones; que además cuentan con un buen proveedor de núcleos y logran algún esquema de financiación para estas compras, pueden hacer que la ecuación cierre. 

¿Por qué? Porque optimizan recursos —personal, transporte, alimentos, entre otros— sin distraerse de su objetivo principal: cosechar la mayor cantidad posible de kilos de miel, aquella que luego les permitirá cubrir ampliamente la inversión realizada en los núcleos que necesitan. 

No afectan la población de sus colmenas, no ocupan personal adicional, no enfrentan fallas ni retrasos, no transportan materiales innecesarios y obtienen núcleos prácticamente al mismo costo que tendría producirlos. 

La ecuación cierra. 

La «especialización», si se la puede llamar así, está desarrollándose en determinadas zonas o regiones y genera el funcionamiento de dos modelos complementarios: el proveedor o criador apicultor y el comprador apicultor mielero. 

De esta manera, la actividad se vuelve más eficiente y productiva para cada tipo de productor dentro del área donde ha desarrollado experiencia, generando complementación y oportunidades de negocio significativas. 

Ahora bien, ¿cómo hace el productor de material vivo para que los números cierren? 

Ese será el tema de la próxima nota de «Pensando la apicultura por apicultores». 

Un apis abrazo. 

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