Por Pablo Maessen

Algunos creemos que el mundo lo mueven las ideas brillantes. Desde el amanecer de la humanidad, cuando los primeros hombres descubrieron las abejas y la miel, surgieron los inconformistas. Aquellos que no se quedaban con la simple recolección rudimentaria; pretendían ser más que “cazadores de miel” que querían disfrutar a cualquier precio de este manjar que la naturaleza nos brinda.
Así surgieron hombres y mujeres que buscaban algo diferente. Sin dudas la miel, con su invaluable aporte energético, fue un combustible esencial en la evolución de nuestra especie: el Apicultoris comunis. Sin embargo, en ese proceso, fuimos dejando poco a poco el lugar de agente perturbador para transformarnos en una pieza respetuosa del equilibrio del sistema ambiente-abeja.
El hombre empezó a entender las “reglas” invisibles que regulaban ese equilibrio. Poniendo por delante el respeto, la observación y la experimentación, se logró una verdadera metamorfosis: ese Apicultoris comunis se transformó en el protector de la abeja, llegando a ser el Apicultoris Mielerus.
El Nuevo Estadio Evolutivo
Hoy, ese camino nos lleva a un nuevo estadio. Ya no basta con cuidar la abeja y el medio ambiente; ahora debemos innovar, transformar y dar valor a los productos de la colmena. Es aquí donde nace el Apicultoris Diversificatus: aquel que entiende que la apicultura no es solo un oficio, sino una búsqueda constante de excelencia y diversidad técnica que honra la vida de la colmena.
En la Gaceta del Colmenar tenemos una amplia historia de nombres que fundamentan mi teoría sobre la hidromiel como movilizador de la diversificación. Revisando viejas revistas de la Sociedad Argentina de Apicultores (S.A.D.A.), pude encontrarme con pioneros que se perdieron en las hojas del tiempo.
Ya en 1939, René Pique hablaba del aprovechamiento de las mieles fermentadas. En 1940, Juan Bernardón mantuvo la tradición. Para 1946, nombres como Ovidio Marzorati, Juan Courtade y Aldo Persano ya poblaban los libros de nuestra biblioteca. En la historia más reciente, no podemos dejar de mencionar el legado de Oscar Balbo, un maestro que supo transmitir el arte hidromielero desde las aulas. Para 2011, junto a Cesar Ruggeri, buscamos darle un giro poniendo en valor la hidromiel, la cerveza de miel y los vinagres. Toda esa tradición respalda hoy a Marcelo Maciel Araujo, quien desde 2014 lleva en alto la bandera hidromielera de nuestra institución.
Revelaciones y Modelos de Producción
En mi caso, un momento de quiebre fue el APIMONDIA 2011 en Argentina, donde trabajé como coordinador del concurso de hidromieles. Allí quedé sorprendido al probar diferentes hidromieles procedentes de dos modelos contrastantes:
- Eslovaquia (Enfoque Premium): El modelo de «Boutique de Lujo». Producción de baja y mediana escala con altísimo valor agregado, consolidando la identidad territorial y fomentando el turismo técnico. Es el modelo que hoy arrasa en medallas por litro producido a nivel mundial.
- Polonia (Producción Masiva): Basado en la elaboración de millones de litros destinados al consumo interno y la exportación masiva a la Comunidad Económica Europea.
Ante estos dos escenarios, cabe preguntarnos: ¿Qué es preferible, saber mucho sobre cómo producir volumen, o comprender la esencia de lo que producimos?
Sócrates el griego, decía que «una vida sin examen no merece ser vivida». Del mismo modo, una apicultura que no se cuestiona a sí misma, que no busca transformarse para alcanzar su mejor versión, corre el riesgo de volverse puramente mecánica.
El Apicultoris diversificatus no busca simplemente «vender una botella”, busca el camino de la excelencia. La diversificación no es solo un cambio de productos, es un cambio de conciencia. Al final del día, el conocimiento no nos sirve para acumular miel, sino para hacernos mejores en nuestro arte. No olvidemos las enseñanzas del maestro Sócrates, el mayor de los bienes es el conocimiento, y el mayor de los males, la ignorancia de nuestro propio potencial. ¡Hasta la próxima!

